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Josep Lluís Mateo: «Es hora de menos iconos y más ideas»

En una entrevista realizada por la periodista Núria Navarro para El Periódico de Cataluña, Josep Lluís Mateo analiza el actual cambio de tendencia de modelos arquitectónicos; un cambio consecuencia en buena medida por la actual crisis económica. Una entrevista que traza caminos y tendencias para un futuro ya no demasiado lejano, y que son elementos de pura supervivencia arquitectónica.

FUENTE: EL PERIÓDICO

Es un clásico contemporáneo de la arquitectura. Autor del Centre de Convencions del Fòrum, la renovación del Ninot, la cárcel de mujeres de Sant Llorenç d’Hortons y la nueva Filmoteca de Catalunya en el Raval. Josep Lluís Mateo (Barcelona, 1949), catedrático del Instituto Suizo de Tecnología de Zúrich, agitará el panorama desde el Barcelona Institute of Architecture (BIArch), con sede en la Pedrera. El primer máster, en octubre del 2010.
–¿Malos tiempos para la arquitectura en Barcelona?
–Son tiempos de cambio, de contracción, de menor producción. Pero también son tiempos excitantes, en los que el pasado sirve de poco y el futuro está por construir. Hay que tomarlos como una oportunidad.

–¿La oportunidad de anteponer la ética a la estética?
–A mí me interesa la belleza en tanto está relacionada con el contenido.

–Pues tenemos una ciudad salpicada de iconos…
–Es una tendencia a la baja. Esa será una de las consecuencias positivas de la crisis. Ya no valdrá la forma si no va acompañada de contenido. Es hora de menos iconos y más inteligencia, más cultura, más energía creativa, más arte, más ideas.

–No ha mencionado la sostenibilidad, noto.
–Yo prefiero hablar de arquitectura de calidad en un entorno de calidad. Y eso depende de muchas variables, ¿eh? La sostenibilidad es una.

–Tras el ruido del Fòrum, se hizo el silencio… ¿De dónde partimos?
–Barcelona tiene una marca, que sigue existiendo pese a que hay quien se dedica a demolerla, pensando que de la demolición puede utilizar los materiales para su barraca. Pero yo prefiero construir, a poder ser sin destrozar lo que había. Barcelona sigue siendo una de las ciudades más atractivas para vivir.

–Y el instituto que preside le dará una inyección de vitaminas.
–El BIArch no tiene ambiciones mesiánicas. Aparece en un momento en que hay que hacer una reflexión sobre las cosas, proponer argumentos y reencontrar mecanismos de conexión con el mundo exterior.

-Fer un cop de cap, vaya.
–Con la crisis puedes quedarte encerrado en tu barrio, en tu caja de escalera… O puedes establecer relaciones con el exterior de manera más inteligente, porque la producción de iconos ha supuesto una relación con el exterior poco atractiva.

–Y puestos a cambiar, ¿qué más cambiamos?
–Hay que reinventar la relación entre arquitectura y política. Para bien o para mal –y últimamente ha sido para mal– la arquitectura ha sido usada como instrumento político.

–Los políticos pagan las obras.
–Hay que crear una cierta independencia de la discusión política.

–A Nouvel le recortaron la altura de la Torre Agbar. ¿Se refiere a eso…?
–La pretensión del señor Nouvel de construir en medio del desierto su icono autocelebrativo es verdaderamente repugnante. Este tipo de delirios también están desapareciendo, afortunadamente.

–Sí que baja el suflé…
–Lo importante ya no serán los nombres sino las obras. Y es preciso una cultura fuerte, que es la que selecciona lo que construye. Una cultura provinciana es la que le compra la moto al último mono por un dinero que ni siquiera tiene.

–A algunos les silbarán los oídos.
–La crisis también ha roto otra secuencia: la producción basura en España. La construcción se había convertido en un producto financiero, un objeto que un empresario vende a un inversor que tampoco lo usa.

–El problema es que nos cambian los discursos. Hace cuatro días Dubái era lo más.
–Los que pensaban que era el laboratorio del mundo son tontos. ¡Dubái es un país que tiene 80 grados en verano y construye una pista de esquí! Nunca tuvo un futuro interesante.

–¿Quién tiene un futuro interesante?
–Europa es una buena base arquitectónica. Latinoamérica, con Brasil y Chile a la cabeza. Y está Japón, que opera en toda Asia. Aunque está en recesión desde hace 10 años, está lleno de jóvenes talentos. Uno de ellos es Yoshiharu Tsukamoto, que ha inventado una nueva manera de entender la realidad basada en lo próximo, lo pequeño, lo directo, pero con mucha ambición.

–Y mientras, Barcelona es pasto de turistas.
–Preferiría que fuera una ciudad del conocimiento más que del low cost. Iniciativas como el Centre d’Investigació Biomèdica, Esade o el BIArch, que generan inteligencia, nutrirán la cultura del siglo XXI.

–¿Se imagina la arquitectura de una Catalunya independiente?
–Es difícil imaginar una Catalunya interesante que no sea cosmopolita y políglota, y cuando digo políglota no me refiero al catalán, sino al inglés, como mínimo. Si el nuevo modelo es volver al terruño y a las esencias medievales, me temo que Catalunya tendría poco futuro.